domingo, 10 de enero de 2010

A VIEIRA DO APOSTOL

Sabemos que a los peregrinos antiguos se les representa con una concha en la esclavina. O con varias. Pero no a todos los peregrinos, sino a los que se dirigen a Santiago de Compostela, a los peregrinos jacobeos. Sabemos también que esta concha de peregrino es de vieira, una concha que se produce en las costas de Galicia en mucha cantidad. Hay vieiras de tipos distintos, con la estructura de los canales del dorso más o menos recta o curvada. Pero ¿cuál es el origen del uso de esta concha por los peregrinos de Santiago? El apóstol Santiago vino a España a predicar la fe. Esto es cierto. Luego fue a Jerusalén y allí sufrió martirio. Y cuenta una leyenda que una noche, mientras estaban los pescadores en el mar, les sorprendió una tormenta. Y, de pronto, vieron una barca milagrosa que parecía de piedra. Con la aparición de esta barca se clamó el mar. La barca se había detenido encallada en un arrecife que nadie había visto antes. Se acercaron y vieron que la barca contenía el cuerpo del apóstol y que el arrecife estaba formado por vieiras, como una indicación del sitio donde el apóstol quería que descansaran sus restos mortales. Y aquéllas fueron las primeras vieiras que los peregrinos que trasladaron los restos del apóstol se sujetaron a las esclavinas.

Al principio, los peregrinos vestían ropas comunes al resto de viajeros. Poco a poco, la indumentaria fue concretándose en un abrigo corto que no estorbaba el movimiento de las piernas, una esclavina o pelerina de cuero que protegía del frío y la lluvia, un sombrero redondo de ala ancha y un bordón más alto que la cabeza con punta de hierro. Colgada de él, una calabaza hacía las veces de cantimplora. A su regreso, el peregrino guardaba sus vestidos, sombreros y bordones como piadoso recuerdo, ejemplo para sus descendientes, o bien los daba a alguna iglesia de su devoción, como exvoto y señal de agradecimiento por haber podido regresar indemne de los peligros del viaje.

Hoy en día el viajero ha sustituido el zurrón por la mochila y los tonos pardos de la indumentaria por una multicolor combinación de camisetas y chubasqueros, pantalones cómodos y zapatillas deportivas o botas de monte. Pero también gusta llevar, cosida sobre sus pertenencias o colgada al cuello, la hermosa vieira.

La esportilla y el bordón: eran los dos atributos característicos del peregrino, así como la calabaza y el zurrón. La esportilla es un saquillo estrecho de piel de animal muerto con la boca siempre abierta y no atado con cordones, siendo la de ciervo la más estimada de las pieles. El bordón es un palo redondo o bastón de longitud variable, generalmente terminado en un pomo y provisto de una contera puntiaguda de hierro que servía como defensa contra lobos y perros, y al mismo tiempo de apoyo y ayuda en la marcha en los pasos difíciles. La calabaza unas veces se cuelga del bordón y otras al costado o la cintura.

La vieira: no se trata de una concha cualquiera, sino la denominada "pecten jacobeus", habitual en los mares de Galicia, que se prendía a la ropa para autentificar la estancia en la ciudad del Apóstol en el camino de regreso; se convirtió muy pronto en la insignia del peregrino. La costumbre de coser las conchas en sus capas, sombreros y escarcelas es posible que tenga un remoto origen supersticioso pagano. En el Códice Calixtino se contó un milagro para explicar el origen de la significación jacobea de las conchas. Se dijo que un príncipe, hundido en el mar por su caballo desbocado, fue rescatado milagrosamente por Santiago y salió de las aguas cubierto de conchas. En el siglo XII, en la plaza del Paraíso de Santiago (actual Azabachería) existía ya un próspero negocio de conchas de plomo, estaño y azabache como recuerdo para los visitantes.

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