En la madrugada del 30 de agosto de 1902, los vecinos de Arou se vieron sorprendidos con la presencia de un gran barco semihundido entre las piedras de Lobeiras. Solo se apreciaba la parte de su cubierta y puente y sus tres enormes palos, todavia firmes en su base.
El mar estaba revuelto y, como si se confabulase, mantuvo a raya a cuantos curiosos intentaron penetrar en el misterio de aquel tan silencioso naufragio.
Pero, desde la distancia a que les permitia merodear, pudieron observar que era de madera, bien pertrechado, pintado de blanco y que habia sido abandonado, ya que no se percibia vestigio humano (vivo o muerto), por ninguno de sus visibles rincones.
El mar fue empeorando y pronto emprendió su implacable accion demoledora en el casco. Al atardecer ya los mastiles no apuntaban al cénit y, en horas sucesivas las olas iban vomitando en la costa tablas, cuarteles, puertas y trozos de lona de sus velas, que las gentes acopiaban.
La curiosidad les hacia revisar cada tabla por si se veia alguna inscripcion, distintivo o vestigio de su nombre o matricula,...pero era inútil. Solo apareció dentro de un cajon que venia cerrado en la tapa de un bureau, una agenda en italiano perteneciente al Signore Mazzini, que se supone que sería el capitan.
Nadie supo los motivos ni circunstancias de este misterioso naufragio, por lo que, basandose en conjeturas, se hilvanaron varios cuentos de fantasia, con argumentos sentimentales, epicos y de pirateria que, por sus insolitos fundamentos, se fueron muriendo a poco de nacer.

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