Entre la cala Lourido y esta playita de la Arnela, existe una furna rodeada de agrestes rocas, conocida por la Furna da Buserana.
En tiempos remotos, había en la cima de un castro del lugar de Castelos, una gran fortaleza perteneciente a un rico y valiente caballero, padre de una hermosa y dulce moza, llamada Frolinda.
En una de sus obligadas ausencias del dueño del castillo, llegó a sus puertas un garrido mozo, llamado Buserán, un trovador de cántigas gallegas de amor y guerra, al que se le dio entrada. En la visita, ambos mozos quedaron prendados de un romántico idilio.
LLegado el caballero padre de luchar en lejanas tierras contra los enemigos de su fe y observando la certidumbre de los amores de su hija, expulsa al joven juglar y encierra a Frolinda en el más apartado aposento de la fortaleza. Esta decisión aviva mas el fuego de amor de los jóvenes y, todas las noches, desde los altos "outeiros", Buserán dirigía a Frolinda dulces y amorosas cántigas de amor.
Enfurecido el caballero, ordena a sus criados la persecución y muerte de Buserán, lo que llevaron a cabo arrojándolo desde lo alto de su penedo a una furna de la costa, ahogando así para siempre las dulces notas que servían de consuelo a la triste prisionera.
Puesta en libertad, al enterarse del trágico fin de su amado, Frolinda enloqueció y durante muchos días y sus noches se la veía deambular descalza por la orilla de las aguas de la costa, llamando por su infausto enamorado.
Una noche, un criado trajo al caballero la tremenda noticia: Su hija fuera vista en lo alto de la furna gritando: "¿onde te atopas Buserán?" Y de lo más profundo de la oquedad se dejaba oír una de las mas tiernas y amorosas cántigas del infortunado trovador. Y, de súbito, una enorme ola, deshecha en sutil espuma, gatea rocas arriba hasta donde se encuentra Frolinda y, tomando la forma de Buserán, la envuelve en ajustado abrazo, desapareciendo con ella en el hondo de la furna.
Durante muchos años, los pescadores que merodeaban este paraje en sus faenas cotidianas, afirmaban haber escuchado las melosas cántigas de Buserán.
1 comentario:
Hace muchos años, mis amigos y yo estábamos acampados en Muxía un verano e íbamos todas las tardes a ver la puesta de sol. Allí encontramos a un hombre, anciano, que nos contó ésta y muchas otras leyendas de la costa. En los días siguientes explorábamos para encontrar los lugares de las leyendas. Las otras leyentas las he olvidado, pero la leyenda de la buserana se me quedó grabada en la memoria.
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