La santa compaña es una comitiva de animas, a veces precedida de un vivo que se dedica a pasearse por Galicia intentando purgar sus pecados y dando sustos de muerte a quien, en su camino, tiene la mala suerte de cruzarse con ellas.
La mayoría de los testimonios defiendeN que en las oscuras y frías noches, una serie de personajes encapuchados se pasean con velones, muchas veces acompañados por unas lucecillas de pequeño tamaño que les sirven de guía.
Pero, ¿Por qué creen estas personas que los encapuchados no son seres de carne y hueso? Probablemente, porque sus pies no suelen tocar el suelo, hallándose a unos diez centímetros de este, lo que provoca, sin duda, mayor horror...
En muchas ocasiones, delante o detrás de la comitiva, se encuentra un vivo que tiene misión portar una cruz y un caldero o cubo de agua bendita.
El vivo vendría a ser una especie de cautivo de las ánimas y solo podría liberarse de su siniestro castigo en caso de encontrar a otro vivo al que poder hacerle entrega de estos elementos.
Suelen contar historias,...este es el caso de Ana, que vive en un lugar aislado en los bosques de Moaña (Pontevedra) .
Ana tenía entonces 6 años, pero aun recuerda detalladamente todo lo sucedido.
Regresaba con su madre hacia la finca cuando, de repente, se quedaron de piedra al ver aparecer a un grupo de "hombres" al final del camino. Su madre la agarro con fuerza y al llegar a su altura la niña comprobó que lo que en un principio creyó que eran hombres, no eran si no sombras cubiertas con túnicas de color negro.
El sendero por el que Ana García y su madre, vieron a la santa compaña.
La niña comenzó a gritar aterrorizada, pero su madre le pidió que se callase.
Decía que, eran una treintena de figuras que pasaron lentamente a su lado, a muy pocos metros de distancia de donde se encontraban las sorprendidas protagonistas.
Al final de la comitiva, Ana pudo ver a una mujer mayor del pueblo, (a la que conocían perfectamente) con la mirada perdida, pero la anciana no reparo en su presencia. Una vez desparecidas las sombras, ambas corrieron hasta su casa sin mirar atrás y allí se refugiaron para protegerse del susto.
Al día siguiente, se encontraron con esta señora, quien no menciono nada al respecto. Era como si ella no hubiese sido participe de la enigmática procesión, por lo que madre e higa decidieron callar.
Lo sorprendente de este caso, que Ana no olvidara jamás, es lo acontecido tres días después de su encuentro con la santa compaña: un rayo mato a la vecina en el campo.
¿Casualidad? Quien sabe...

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